jueves, 12 de mayo de 2011

MI ENCUENTRO CON EL ABUELO parte II



Al salir de  desayunar  unos ricos huevos  divorciados con mucho picante   de una  fonda típica  de Real de  14 ,los  fuertes rayos  del sol, comenzaron a  calentar  el resto del tequila  que  aun conservábamos  como  nuestro más preciado tesoro , penetrando esa gruesa  y obscura botella  azul que  aun llevaba  en  la mano, pareciera que la  botella funcionara como prisma ya  que la luz  del rayo   cuando llegaba a la botella  y traspasase la misma, se descomponía  en una tenue luz   que  viajaba  a la brevedad  hasta   impactarse  en  la  piedra  del   collar que portaba   un joven  moreno que se encontraba  en la  banqueta  opuesta  en la que nos  encontrábamos  nosotros.

Franco , deslumbrado  por el  bonito  collar  que portaba el joven,  se acerco    como se  acerca un mariposa juguetona  al  fuego de una veladora, y  de inmediato abordo al joven que además portaba una guitarra  y  le pregunto de que estaba  elaborado su collar, el joven  no  dudo en quitarse  el collar para mostrárselo  y decirle de que estaba hecho,  mientras   yo le sostenía  la guitarra para  tocar  unas  breves notas, siempre  atento a la plática  sobre el collar.  El  joven decía  que  el collar  costaba alrededor de 1000 pesos, puesto que estaba hecho de plata y algunas piezas  como  el  jade  y madera de roble ,además de que fue hecho  por manos artesanas de Chiapas,  Franco no dudo  mas  y le  ofreció 500 pesos,  argumentando  que  era  lo único que traía   y entre que si y que no  el chavo cedió en venderle el collar  en 500 pesos,  lo curioso del caso  era que en verdad  Franco  solo  traía los  500 pesos.

Después de que Franco hizo el magnífico trato del collar  seguimos deambulando  por el pueblito, Franco  muy orgulloso de su nueva adquisición ,  como  si le mostrara al mundo una  corona de olivo  obtenida  de  alguna batalla ganada.

Cuando preguntamos  de  como podíamos ir al desierto  se  nos bajaron los ánimos  ya que  estando  en Real de 14 la manera  más fácil  de llegar  era  contratando   unos camioncitos tipo jeep 4X4  que  bajaban hasta el desierto y  que  cobraban  alrededor de 800peso  de  ida y de vuelta  y  como  Franco había comprado el collar  prácticamente   no traíamos un peso partido  por la mitad, si acaso las típicas monedas  en el cenicero del coche.

No podíamos regatear  del precio  con el dueño  del camioncito, puesto que no teníamos nada  de  dinero que ofrecer, solo el resto  de  tequila que muy apenas serviría para unos cuatro ó cinco caballitos. El  dueño viendo  nuestro interés por bajar al desierto  nos  dijo que en unos minutos  iba a llevar  a   unas personas  chinas, que les pidiéramos permiso de  viajar  en el techo del camioncito, pero  que no  hablaban español, eran tantas las  ganas de  ir al desierto por  que ir  a Real de 14 y   no ir al desierto es como   un  viaje  más  de turistas un viaje  muy sencillo muy  inerte, me dirigí  a una  de las chicas que  iban a llevar  y  con mi pésimo ingles que además me choca hablar  ingles  en mi país, le  explique  la situación en la que estábamos, y muy  amablemente  accedió a llevarnos  en el techo del camión.

Cuando  emprendimos  el viaje  abordo  del techo del camioncito ,  nos dimos cuenta de que  eran los mejores lugares  que  pudimos   ocupar  en el  camión, puesto que la vista  era  hermosa, se podía  apreciar las montañas , el  riachuelo que se formaba en el fondo del cañón  y sobre todo se podía sentir  ese  espíritu de  libertad  al viajar sin protección alguna, descendiendo por ese camino angosto por  el filo del cañón.

Al poco rato estábamos   en “Estación 14 “donde  hicimos una breve parada para después  internarnos en el desierto donde  sentimos ,los  rayos del sol a flor de piel  además  de  el polvo que  se levantaba  por la aceleración del camioncito que era más rápida  de cuando  descendíamos. Conforme   nos adentrábamos al desierto los sonidos  se  desvanecían en la nada, a pesar del ruido del camión  se  podían percibir   una  plena tranquilidad  que brindaba  ese  místico lugar. Por  fin llegamos al campamento  donde estaban instalados los chinos, y enseguida  nos recibieron, entre el grupo de los  chinos estaba  una Alemana que portaba unos lentes ray ban, queriendo ocultar  las ojeras  que la desvelada de esa noche le habían causado ó  ahora  que  lo pienso  tal vez se quería proteger de los fuertes rayos del sol.

El sol parcia que no descendía   y   nosotros    acoplados  pero  aun  temerosos de  la gente del campamento  nos  acomedimos  a  ayudarles a juntar  ramas  secas , para la fogata de  esa  noche,  entre platicas  e  intercambio de  cultura,  les  preguntamos  que si  habían  comido  “peyote”   y  la Alemana  con  una sonrisa en su cara  nos contesto que tenían  tres noches seguidas  comiéndolo   y nos  invito  a que   los acompañáramos esa  noche , nosotros  argumentamos  que   teníamos  que trabajar  al siguiente  día  pero   que en otra  ocasión  con gusto los acompañábamos ,nos intercambiamos los correos electrónicos  y los números de celular, ya que  en ese tiempo  aun no existía  el Cara Libro, jaja, nos alejamos  un poco del grupo  y  le  preguntamos al guía  que era  el dueño de  los  camioncitos, que  ¿en donde podíamos encontrar   el  peyote? y   soltó una  risita –ja ja ja  si hubiera sido víbora  ya  les  hubiera picado, y nosotros nos miramos a  lacara  con un gesto de  confusión  y le volvimos a   preguntar  – pues donde esta  que no lo vemos ,  y  el “don”  dijo -  mírenlo ahí está  bajo los arbustos   que están  por sus pies, y efectivamente   ahí estaba cubierto por una tenue capa como si lo  ocultara de algún ladrón, y enseguida el guia  nos  dio  como un mini curso para poder cortarlo y poder  comerlo, yo  seguí caminando entre el desierto y a unos  cuantos metros   encontré  el primero y   recordé las palabras  que alguna vez me dijeron unos viajeros , que  al primero que encontrara  no lo  cortara  que le diera un poco de agua y siguiera mi camino y  fue lo que hice, saque mi botella de  agua y vertí  un chorrito de agua sobre la corona del peyote, y  seguí  caminando  y mientas caminaba a mi mente venían muchos pensamientos, de cómo sería  mi experiencia , pensaba que  iba  a ser  como  lo describe “Carlos Castañeda” en su libro “las enseñanzas de donjuán” y  justamente  cuando mi mente divagaba  encontré  al pie  de un matorral una familia  de peyotes,  y fue entonces  que me dispuse  a cortar la  corona de tres   y  comenzarlos a mascar, a la vez que miraba la distancia del campamento, por si me  ponía alucinado   mínimo poder llegar ,pero no fue así, llegue tranquilamente  al  campamento , eso    a pedir  agua  por que  el peyote  amarga a su  ..madre , rápidamente Franco me compartió de  su agua,  y me comento  que había  comido algunos cuantos abuelos, justo en eso estábamos  cuando  nos dijo  el guía  que ya nos teníamos que regresar  a  Real de 14r,  sin   pensarlo  nos despedimos de  los chinos  y los otros  integrantes del campamento ,y  ahora  si ya dentro del camioncito  en compañía del guía , le preguntamos que   por que se le decía el cerro del quemado, por lo que nos contesto  que ahí  iban los Huicholes a hacer sus rituales ,entre cantos y bailes autóctonos,  y el dijo, - Yo le digo el cerro  del “Elefantito”  aun no terminaba  e decir  cuando   soltamos la carcajada,  y él  mientras  sostenía  el volante  con la  mano izquierda mientras que con la derecha  apuntaba  el cerro y decía- si  miren  esas  son  sus  orejitas,  el lomo , la trompa  y la cola,  y  nosotros  aun con más fuerza  reímos  y decíamos -nosotros nos los comimos  y a usted  le hacen  efecto , entre platicas y risas  llegamos  a estacion14  donde le cedió el volante a otro chofer para que nos llevara  hasta Real de 14.

 El camino  con ese chofer  fue muy aburrido, no le podíamos sacar  ninguna palabra  solo se limitaba  a contestar palabras monosílabas, como Si, No, Quien Sabe, esta difícil,  ya dados por vencidos Franco y Yo, nos pusimos a platicar para  hacer  ameno el viaje y enseguida  ya  nos encontrábamos en  Real  de 14.
No tardamos mucho tiempo  en lo que fuimos por el coche de  donde lo teníamos estacionado y pararnos en una  tienda  para comprar algunas botellas  de agua, para quitar  el  sabor amargo del peyote  que aun permanecía en  el paladar.  Ya  con el coche  en marcha   me despedi en silencio de Real  de  14  cuando  miraba en el retrovisor  como nos alejábamos de las calles  a la vez que nos introducíamos  en el túnel Ogario  el cual cruzamos rápidamente.

Al salir  del túnel,  pude  apreciar  una vista maravillosa  del valle  que estaba enfrente  rodeado de  sus cerros azules ,mientras que manejaba  suavemente  sintiendo  como las piedras  del camino hacían rebotar  las llantas  del coche, fue entonces  que en el aquel viejo estero sony de minidisc,  inicio la canción  de “dime jaguar “ de los Jaguares,  y  ahí vi  el collar  de Franco  muy brillante  exponiendo  todos  sus colores, al  igual que la  grande  sonrisa  de Franco, que me decía  -ya escuchaste , y me  percate  de de los  sonidos autóctonos de la canción, que acordaban perfectamente con el  chasquido del motor, que de pronto  comenzó  a suavizarse  cada  vez mas  y aquella  suspensión tan dura se torno  en una  ligero trineo  que planeaba el camino de piedra, nunca  antes había sentido  mi coche tan  ligero,  y entonces  decidí sacar  mi mano  izquierda por la ventana  y sentí  el aire denso  que chocaba  en  todos  y cada  uno  de los   poros  de mi mano , rápidamente  vi a Franco  a la vez que en la canción se percibía un excelente  riff  de guitarra Fender  armonizada de   una Les Paul,  y  Franco solo me dijo con la  mirada  Si, esto es  el abuelo,  cuando tuve oportunidad,  me  baje  del  camino   para apreciar ese atardecer  tan hermoso,  como  el sol  se disponía  a  ocultarse detrás  de  los cerros ,como si estuviera cansado de  cumplir  su jornada  de  trabajo  y dispuesto a descansar  para  seguir  brillando al día siguiente, enseguida  vino  el  crepúsculo con todos  sus colores a  flor de piel,  acompañado de una  temperatura idónea para  refrescar  a  cualquier  cuerpo que haya estado expuesto  al calor, camine un  rato entre el campo  siempre mirando  el cielo  y sus  primeras estrellas   que salían como  notas de   cualquier preludio  de la suit  del  universo,  fue entonces  que me di cuenta que el abuelo me había regalado   un concierto , de colores y sonidos naturales, en un ambiente más agradable  que el que pudiera tener cualquier teatro del mundo,   sentí  una  inmensa alegría y me recosté en el campo sintiendo como me recibía la tierra, como  si reconociera el polvo que alguna vez será mi cuerpo.

No sé  cuánto  tiempo fue el que estuve acostando apreciando el  universo, para que llegara Franco  y me preguntara- ¿te encuentras bien?  Yo aun acostado le dije – me encuentro de maravilla ,me pare y a la misma vez  me sacudía la tierra pegada en mi espalda,  aun  sentía  esa sensación de  bien  estar  que se desvanecía  poco apoco  adentrándome  a esta realidad.

Nos  miramos con una sonrisa  que no cavia  en  la cara , siendo consientes de  la experiencia que  habíamos tenido  y dijimos: es hora  de regresar  a casa.


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