Al salir de desayunar unos ricos huevos divorciados con mucho picante de una fonda típica de Real de 14 ,los fuertes rayos del sol, comenzaron a calentar el resto del tequila que aun conservábamos como nuestro más preciado tesoro , penetrando esa gruesa y obscura botella azul que aun llevaba en la mano, pareciera que la botella funcionara como prisma ya que la luz del rayo cuando llegaba a la botella y traspasase la misma, se descomponía en una tenue luz que viajaba a la brevedad hasta impactarse en la piedra del collar que portaba un joven moreno que se encontraba en la banqueta opuesta en la que nos encontrábamos nosotros.
Franco , deslumbrado por el bonito collar que portaba el joven, se acerco como se acerca un mariposa juguetona al fuego de una veladora, y de inmediato abordo al joven que además portaba una guitarra y le pregunto de que estaba elaborado su collar, el joven no dudo en quitarse el collar para mostrárselo y decirle de que estaba hecho, mientras yo le sostenía la guitarra para tocar unas breves notas, siempre atento a la plática sobre el collar. El joven decía que el collar costaba alrededor de 1000 pesos, puesto que estaba hecho de plata y algunas piezas como el jade y madera de roble ,además de que fue hecho por manos artesanas de Chiapas, Franco no dudo mas y le ofreció 500 pesos, argumentando que era lo único que traía y entre que si y que no el chavo cedió en venderle el collar en 500 pesos, lo curioso del caso era que en verdad Franco solo traía los 500 pesos.
Después de que Franco hizo el magnífico trato del collar seguimos deambulando por el pueblito, Franco muy orgulloso de su nueva adquisición , como si le mostrara al mundo una corona de olivo obtenida de alguna batalla ganada.
Cuando preguntamos de como podíamos ir al desierto se nos bajaron los ánimos ya que estando en Real de 14 la manera más fácil de llegar era contratando unos camioncitos tipo jeep 4X4 que bajaban hasta el desierto y que cobraban alrededor de 800peso de ida y de vuelta y como Franco había comprado el collar prácticamente no traíamos un peso partido por la mitad, si acaso las típicas monedas en el cenicero del coche.
No podíamos regatear del precio con el dueño del camioncito, puesto que no teníamos nada de dinero que ofrecer, solo el resto de tequila que muy apenas serviría para unos cuatro ó cinco caballitos. El dueño viendo nuestro interés por bajar al desierto nos dijo que en unos minutos iba a llevar a unas personas chinas, que les pidiéramos permiso de viajar en el techo del camioncito, pero que no hablaban español, eran tantas las ganas de ir al desierto por que ir a Real de 14 y no ir al desierto es como un viaje más de turistas un viaje muy sencillo muy inerte, me dirigí a una de las chicas que iban a llevar y con mi pésimo ingles que además me choca hablar ingles en mi país, le explique la situación en la que estábamos, y muy amablemente accedió a llevarnos en el techo del camión.
Cuando emprendimos el viaje abordo del techo del camioncito , nos dimos cuenta de que eran los mejores lugares que pudimos ocupar en el camión, puesto que la vista era hermosa, se podía apreciar las montañas , el riachuelo que se formaba en el fondo del cañón y sobre todo se podía sentir ese espíritu de libertad al viajar sin protección alguna, descendiendo por ese camino angosto por el filo del cañón.
Al poco rato estábamos en “Estación 14 “donde hicimos una breve parada para después internarnos en el desierto donde sentimos ,los rayos del sol a flor de piel además de el polvo que se levantaba por la aceleración del camioncito que era más rápida de cuando descendíamos. Conforme nos adentrábamos al desierto los sonidos se desvanecían en la nada, a pesar del ruido del camión se podían percibir una plena tranquilidad que brindaba ese místico lugar. Por fin llegamos al campamento donde estaban instalados los chinos, y enseguida nos recibieron, entre el grupo de los chinos estaba una Alemana que portaba unos lentes ray ban, queriendo ocultar las ojeras que la desvelada de esa noche le habían causado ó ahora que lo pienso tal vez se quería proteger de los fuertes rayos del sol.
El sol parcia que no descendía y nosotros acoplados pero aun temerosos de la gente del campamento nos acomedimos a ayudarles a juntar ramas secas , para la fogata de esa noche, entre platicas e intercambio de cultura, les preguntamos que si habían comido “peyote” y la Alemana con una sonrisa en su cara nos contesto que tenían tres noches seguidas comiéndolo y nos invito a que los acompañáramos esa noche , nosotros argumentamos que teníamos que trabajar al siguiente día pero que en otra ocasión con gusto los acompañábamos ,nos intercambiamos los correos electrónicos y los números de celular, ya que en ese tiempo aun no existía el Cara Libro, jaja, nos alejamos un poco del grupo y le preguntamos al guía que era el dueño de los camioncitos, que ¿en donde podíamos encontrar el peyote? y soltó una risita –ja ja ja si hubiera sido víbora ya les hubiera picado, y nosotros nos miramos a lacara con un gesto de confusión y le volvimos a preguntar – pues donde esta que no lo vemos , y el “don” dijo - mírenlo ahí está bajo los arbustos que están por sus pies, y efectivamente ahí estaba cubierto por una tenue capa como si lo ocultara de algún ladrón, y enseguida el guia nos dio como un mini curso para poder cortarlo y poder comerlo, yo seguí caminando entre el desierto y a unos cuantos metros encontré el primero y recordé las palabras que alguna vez me dijeron unos viajeros , que al primero que encontrara no lo cortara que le diera un poco de agua y siguiera mi camino y fue lo que hice, saque mi botella de agua y vertí un chorrito de agua sobre la corona del peyote, y seguí caminando y mientas caminaba a mi mente venían muchos pensamientos, de cómo sería mi experiencia , pensaba que iba a ser como lo describe “Carlos Castañeda” en su libro “las enseñanzas de donjuán” y justamente cuando mi mente divagaba encontré al pie de un matorral una familia de peyotes, y fue entonces que me dispuse a cortar la corona de tres y comenzarlos a mascar, a la vez que miraba la distancia del campamento, por si me ponía alucinado mínimo poder llegar ,pero no fue así, llegue tranquilamente al campamento , eso sí a pedir agua por que el peyote amarga a su ..madre , rápidamente Franco me compartió de su agua, y me comento que había comido algunos cuantos abuelos, justo en eso estábamos cuando nos dijo el guía que ya nos teníamos que regresar a Real de 14r, sin pensarlo nos despedimos de los chinos y los otros integrantes del campamento ,y ahora si ya dentro del camioncito en compañía del guía , le preguntamos que por que se le decía el cerro del quemado, por lo que nos contesto que ahí iban los Huicholes a hacer sus rituales ,entre cantos y bailes autóctonos, y el dijo, - Yo le digo el cerro del “Elefantito” aun no terminaba e decir cuando soltamos la carcajada, y él mientras sostenía el volante con la mano izquierda mientras que con la derecha apuntaba el cerro y decía- si miren esas son sus orejitas, el lomo , la trompa y la cola, y nosotros aun con más fuerza reímos y decíamos -nosotros nos los comimos y a usted le hacen efecto , entre platicas y risas llegamos a estacion14 donde le cedió el volante a otro chofer para que nos llevara hasta Real de 14.
El camino con ese chofer fue muy aburrido, no le podíamos sacar ninguna palabra solo se limitaba a contestar palabras monosílabas, como Si, No, Quien Sabe, esta difícil, ya dados por vencidos Franco y Yo, nos pusimos a platicar para hacer ameno el viaje y enseguida ya nos encontrábamos en Real de 14.
No tardamos mucho tiempo en lo que fuimos por el coche de donde lo teníamos estacionado y pararnos en una tienda para comprar algunas botellas de agua, para quitar el sabor amargo del peyote que aun permanecía en el paladar. Ya con el coche en marcha me despedi en silencio de Real de 14 cuando miraba en el retrovisor como nos alejábamos de las calles a la vez que nos introducíamos en el túnel Ogario el cual cruzamos rápidamente.
Al salir del túnel, pude apreciar una vista maravillosa del valle que estaba enfrente rodeado de sus cerros azules ,mientras que manejaba suavemente sintiendo como las piedras del camino hacían rebotar las llantas del coche, fue entonces que en el aquel viejo estero sony de minidisc, inicio la canción de “dime jaguar “ de los Jaguares, y ahí vi el collar de Franco muy brillante exponiendo todos sus colores, al igual que la grande sonrisa de Franco, que me decía -ya escuchaste , y me percate de de los sonidos autóctonos de la canción, que acordaban perfectamente con el chasquido del motor, que de pronto comenzó a suavizarse cada vez mas y aquella suspensión tan dura se torno en una ligero trineo que planeaba el camino de piedra, nunca antes había sentido mi coche tan ligero, y entonces decidí sacar mi mano izquierda por la ventana y sentí el aire denso que chocaba en todos y cada uno de los poros de mi mano , rápidamente vi a Franco a la vez que en la canción se percibía un excelente riff de guitarra Fender armonizada de una Les Paul, y Franco solo me dijo con la mirada Si, esto es el abuelo, cuando tuve oportunidad, me baje del camino para apreciar ese atardecer tan hermoso, como el sol se disponía a ocultarse detrás de los cerros ,como si estuviera cansado de cumplir su jornada de trabajo y dispuesto a descansar para seguir brillando al día siguiente, enseguida vino el crepúsculo con todos sus colores a flor de piel, acompañado de una temperatura idónea para refrescar a cualquier cuerpo que haya estado expuesto al calor, camine un rato entre el campo siempre mirando el cielo y sus primeras estrellas que salían como notas de cualquier preludio de la suit del universo, fue entonces que me di cuenta que el abuelo me había regalado un concierto , de colores y sonidos naturales, en un ambiente más agradable que el que pudiera tener cualquier teatro del mundo, sentí una inmensa alegría y me recosté en el campo sintiendo como me recibía la tierra, como si reconociera el polvo que alguna vez será mi cuerpo.
No sé cuánto tiempo fue el que estuve acostando apreciando el universo, para que llegara Franco y me preguntara- ¿te encuentras bien? Yo aun acostado le dije – me encuentro de maravilla ,me pare y a la misma vez me sacudía la tierra pegada en mi espalda, aun sentía esa sensación de bien estar que se desvanecía poco apoco adentrándome a esta realidad.
Nos miramos con una sonrisa que no cavia en la cara , siendo consientes de la experiencia que habíamos tenido y dijimos: es hora de regresar a casa.